Rock de estadio: los conciertos más espectaculares

¿Qué esperamos de un concierto en pleno S.XXI? Lejanos quedaron los años en los cuales se iban a aquellos “recitales” en espacios pequeños donde un cantante prestaba su voz a los asistentes sin más acompañamiento que el de la guitarra o los instrumentos que compusieran su banda.

Hoy día, donde la media del valor de la entrada de un concierto ronda los 80 euros, estos primigenios conciertos se han convertido en auténticos espectáculos donde no pueden faltar un buen servicio de escenografía, cuadro de baile, pantallas audiovisuales que copen cada rincón del espacio elegido para el evento y cuanta más pirotecnia, más espectáculo y más justificado está el valor de la entrada.

G2J_Eikonos_concierto

Imagen: cadenaser.com

 

Pero estos conciertos no están reservados para todo el mundo: solo los grandes artistas, los que mueven masas pueden permitirse que cada show combine música y artes escénicas dignas en ocasiones del mejor Cirque du Soleil. Es reservado para el llamado rock de estadio: el evento musical capaz de mover a masas que ronden los 20.000 espectadores.

 

Madonna y Michael Jackson: los promotores del espectáculo

Aunque el término rock de estadio se hizo habitual tras el espectacular y mítico concierto de Queen en Wembley: un concierto en el que se dieron cita durante dos días consecutivos en torno a las 200.000 personas en el mítico estadio londinense, fue la monarquía pop al completo quienes le dieron fama.

“Grupos como Queen y, sobre todo Pink Floyd con la gira de The Wall ya traían grandes producciones en sus presentaciones en directo en los primeros ochentas”

En un contexto como la década de los 80 – principios de los 90, donde la MTV aunó música y producto audiovisual, y donde la era de los grandes cantautores daba paso a la de los grandes artistas (en los que en ocasiones, la voz era lo menos importante y era la actitud sobre el escenario y el baile lo primordial). El rey y la reina del pop supieron recoger toda la tradición musical que la década de los excesos nos trajo e inauguraban una nueva forma de hacer música en directo con sus presentaciones en las giras “Dangerous” y “Blonde Ambition”.

Giras a las que les acompañaban tráilers y tráilers cargados de elementos escenográficos y audiovisuales que permitían desde montar una catedral hasta volar sobre las cabezas de los asistentes gracias a un reactor.

 

U2, Rolling Stones y Muse: herederos de la tradición

 

Tras los espectáculos traídos por Jackson y Madonna, el listón quedo bastante alto como para que artistas de similar caché y cantidad de seguidores no continuaran con la tradición. Y ya entrados en los noventa, los irlandeses U2 recogieron el testigo llevándolo hacia la exageración en una gira, la de Pop Mart, en la que lo que menos importaba era la música: dos escenarios surrealistas de gigantescas proporciones al que eran trasladados de uno a otro mediante un limón metálico que se transportaba mediante grúas es sólo un ejemplo del exceso al que se llegó en cuanto a montajes musicales.

Con los Rolling Stones y sus variadas giras de reunión se llegó a la mediación entre un escenario a la altura de sus protagonistas (montajes de hasta ocho pisos de altura) y la importancia de lo musical, siendo los elementos de acompañamiento sólo unos no tan simples juegos de luces muy bien repartidos por todo el recinto.

A día de hoy, la parafernalia propia del rock de estadio sigue bien vigente. Grupos como Muse y Coldplay optan por los complejos montajes barrocos y coloristas mientras que otros “dinosaurios” de la música como AC/DC o Bruce Springsteen alternan gigantescas producciones con canciones igual de grandes en tamaño.